Nuestro miedo más profundo. Zan Perrion (2)

Nuestro miedo más profundo (parte 2)
(Leer parte 1)

En la sociedad moderna, un hombre siente que si una mujer le rechaza de cualquier manera – aunque lo haga educada y amablemente – ella de alguna manera ha anulado su misma masculinidad. Él no puede evitar sentir que ella está indirectamente rechazándolo como hombre. Simplemente él no es lo suficientemente bueno para ella. Y por extensión, no es lo suficientemente bueno para nadie – incluido él mismo.

No importa cuáles sean sus razones – ella puede que esté triste hoy, o no se sienta hermosa, o acabe de romper con su novio, o esté felizmente casada, o esté frustrada con su carrera o con su vida… o lo que sea. Él sigue tomándolo como algo personal.

Incluso los hombres más seguros también sienten un poco de duda cuando encuentran a una mujer que les quita la respiración.

El miedo a ser rechazado es el temor más profundo de un hombre, y le hace dudar, le hace vacilar mientras siente esa sensación tan familiar de pesadez en el estómago. En otras palabras, sin que ella haya dicho siquiera una palabra o siquiera ella darse cuenta de que él está ahí, él mismo ya se ha rechazado.

Ella no tiene que rechazarle porque él ya se ha rechazado a sí mismo por ella.

La verdad es que el miedo a ser rechazados está profundamente arraigado en todos nosotros, incluso en ella. Hemos sido condicionados por la sociedad para creer que no somos lo suficientemente buenos. Nos parece natural que otros vayan a rechazarnos porque hemos vivido con el miedo a ser rechazados toda nuestra vida. Sentimos ese miedo a nuestro alrededor como una manta; hemos crecido acostumbrado a ella desde pequeños.

Más aún, la raíz de la mayoría de los problemas en nuestras relaciones es nuestro fundamental miedo a ser rechazados. Incluso en una relación aparentemente estable y en lo demás feliz, el miedo latente a ser rechazado yace debajo de la superficie, manifestándose ocasionalmente (o frecuentemente) en actos de celos o rabia o egoísmo o discusiones sin importancia.

Nacemos con un sólo miedo: el miedo a los ruidos fuertes. Todos los demás miedos los adquirimos a lo largo de la vida. Cuando teníamos cuatro años todos podíamos cantar. Cuando teníamos cuatro años todos podíamos dibujar. Pero entonces empezamos a ir a la escuela y, por primera vez, empezamos a compararnos con los demás. Miramos al dibujo de otro chico y, por primera vez, sentimos que a lo mejor no podíamos dibujar.

La sociedad nos ha arraigado profundamente en nuestro subconsciente la idea de que puede que no seamos tan buenos como otra persona. O, de igual modo, nuestro padres nos convencieron por sus actos o palabras desde pequeños de que sencillamente no éramos suficientemente buenos.

Los hombres dedican su vida a intentar compensar esta consciente falta de valor. Intentan vestir las ropas correctas, obtener el trabajo correcto, conducir el coche correcto; todo en un intento de distraerla. Esperamos que quizás ella no se dé cuenta – y por tanto no nos rechace – a nuestro verdadero yo.

Así que así estamos hoy: los hombres temen a las mujeres porque sienten que ellas tienen el poder… el poder de validarles. Para la mayoría de hombres, si una mujer acepta verles, quedar con ellos, casarse con ellos, o amarles, eso le da valor. Se siente un hombre, como alguien le ha aceptado quién es él. Desgraciadamente, él siente que lo contrario también es verdad: después de todo, si ella le rechaza y no está de acuerdo con ninguna de estas cosas, entonces ¿ella no le está invalidando?

Una de las frases más tristes que un hombre puede oír de una mujer es “No te lo tomes como algo personal, pero…” Ella podría sinceramente no querer herirle, pero en realidad, un hombre no puede evitar sino tomárselo personalmente.

Lo que ocurre es esto: él siente el rechazo, amable o no, como una invalidación directa de su misma alma. Esto envía a un hombre a un súbito ataque de auto análisis. “¿Por qué?” se pregunta, “¿Qué hay en mí que no le gusta? ¿No soy lo suficientemente alto? ¿Suficientemente encantador? ¿Qué fue lo que hice? ¿Qué no hice? ¿Por qué?”

Y el ciclo se repite.

Una vez vi un cartel en la entrada de un hotel de Viena (o de cualquier parte) que decía “Si pudieras verte de la manera que los demás te ven, te asombrarías” Pensé durante mucho tiempo en ese cartel, y tú deberías hacerlo también. Si lo haces, descubrirás que esa es la respuesta al miedo a ser rechazado.

Recuerda siempre que sin importar el resultado, sea cual sea su respuesta, ¡tú sigues siendo tú! Nunca pierdes. Nunca olvides esto, porque es la clave para superar tu miedo al rechazo.

Y entonces… hazlo de todas maneras. Incluso los oradores seguros y los artistas tienen mariposas en el estómago justo antes de subir al escenario. Es natural. La diferencia es que lo hacen a pesar de ello. No dejan de actuar. No tienen necesariamente menos miedo al rechazo que el resto de nosotros; en su lugar, ellos respiran hondo, se endurecen y lo hacen de todas formas- pese a su miedo.

El éxito genera confianza y la confianza, como sabemos, genera éxito.

Así que la próxima vez que la veas, no dudes. En su lugar, acércate con una sonrisa, sabiendo en tu corazón que ella también tiene miedo a ser rechazada, ella también está nerviosa sobre cómo se le ve.

No te rechaces a ti mismo en su lugar – ¡antes incluso de haberla conocido! Reconoce tu miedo, y entonces hazlo de todas maneras.

Recuerda. No importa lo que suceda, sigues siendo tú mismo. ¡Nunca pierdes!

Zan Perrion



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2 respuestas a Nuestro miedo más profundo. Zan Perrion (2)

  1. Errol dice:

    Es lo más inspiridador que he leido para fin del año, e inicio del mismo. Creo firmemente que puedo lograr lo que quiera, gracias a Bond y Perrion. Este post me hizo llorar, literalmente. ¡FELIZ AÑO NUEVO, PROSPERIDAD Y ÉXITO!

  2. Wero dice:

    Estos días estoy descubriendo a Zan Perrion. Creo que es de las personas más inspiradoras que he conocido en mi vida. Es acjonante todo lo que dice. Hay tanta verdad en ello… Estoy deseando leer la traducción al español de su libro “The Alabaster girl”. Ojalá salga pronto.

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