La conversación (3)

.

Cuando conoces a alguien, seguramente pronto aparecen las típicas preguntas:

– ¿Cómo te llamas?
– ¿Cuántos años tienes?
– ¿De dónde eres?
– ¿Qué estudias? / ¿En qué trabajas? / ¿A qué te dedicas?

Estas son preguntas cerradas, lo que significa que la respuesta será breve y exacta. Generalmente una palabra: “María. 23. Brasil. Enfermería.”

A la hora de conversar con alguien es mucho más interesante hacer preguntas abiertas, porque permitirán al otro conversador extender su respuesta y darnos muchos más detalles interesantes sobre la otra persona, que ayudarán a conocerle mejor y a que la conversación sea más interesante y amena.

Lee este ejemplo de conversación:

Yo: ¡Hola! ¿Cómo te llamas?
Ella: María.
Yo: ¿De Dónde eres?
Ella: De Brasil.
Yo: Qué interesante… ¿te gusta brasil?
Ella: Sí.
Yo: ¿Cuántos años tienes?
Ella: 23.
Yo: ¿Y a qué te dedicas?
Ella: Estudio enfermería. Adiós.

¿Ves el fallo? Aquí he hecho un montón de preguntas seguidas, como un interrogatorio de la policía, o una entrevista. Demasiadas preguntas son incómodas. Encima, mis preguntas son típicas y aburridas, y son cerradas, así que ella sólo puede darme un “sí”, “no”. Una sola palabra o una respuesta muy breve y concreta. Y el fuego de la conversación se extingue.

Vamos a ver cómo podemos mejorar la conversación.


1. Haz menos preguntas y más afirmaciones. Evita las ráfagas de preguntas. La conversación es una receta de cocina. Hace falta un poco de todos los ingredientes para darle buen sabor. Imagina las preguntas como la sal. Un poco está bien, demasiada sal estropea el plato.

Las afirmaciones reavivan las llamas de la conversación. Haz menos preguntas y más afirmaciones. ¡Pero las preguntas también son muy buenas! No las quites de la receta. Simplemente combina y mezcla las dos cosas: afirmaciones y preguntas. La clave: mejorar tus preguntas, hacer preguntas abiertas, preguntas grandes, profundas e interesantes.

Y usa la perspectiva del yo y muestra tu yo-único con afirmaciones. Si sólo haces preguntas, no estás arriesgando. Quieres conocer al otro, pero no das tu opinión ni te muestras tal como eres. Estás a cubierto, a salvo. No te expones. Estás siendo cobarde. Las preguntas son débiles, las afirmaciones son de gente que tiene confianza.

Yo: ¿Qué te parecen mis gafas de sol?
Ella: Guay.
Yo: Pensaba que yo era el único que decía “guay”. Chócala.
Yo: Tengo una intuición sobre ti
Ella: ¿Qué?
Yo: Déjame mirarte a los ojos.
Ella: ¿Qué?
Yo: Tienes ojos sexys.
Ella: ¿Y?
Yo: ¿Qué vas a hacer los próximos veinte minutos?
Ella: Tengo que volver al trabajo.
Yo: ¿Al acicalamiento de perros?
Ella: A la oficina del doctor.
Yo: Eso es.
Ella: ¿Por qué lo preguntas?
Yo: Porque hay un buen restaurante en la esquina. Sería genial compartir la comida.


2. Haz preguntas abiertas Siempre que vayas a formular una pregunta cerrada, intenta cambiarla para que sea abierta. Las preguntas cerradas se contestan en una palabra o respuesta muy breve.

Las preguntas abiertas empiezan por “¿por qué…?, ¿cómo…?, ¿cuál…? ¿qué dirías…?, ¿qué crees…?, ¿qué ha sido…?, ¿qué harías si…?, etc” y dejan un gran abanico de respuestas libres (abiertas) al interlocutor.

Las preguntas abiertas piden desarrollar opiniones, ideas, sentimientos, pensamientos, razonamientos, reflexiones, historias, experiencias, emociones, decisiones, planes, sueños, metas. Por ejemplo: ¿por qué decidiste…?, ¿qué piensas de…?, ¿para ti qué es…?, ¿qué esperas de…?, ¿cómo haces tú…?, ¿qué sientes cuando…?

Ejemplo:
Yo: ¿Está buena la comida? (cerrada y encima “fuerzas” y condicionas la respuesta, presionando para que digan que “está buena”)
Ella: Sí.

Yo: ¿Cómo está la comida? (abierta. Mucho mejor!!)
Ella: ¡Estos macarrones están buenísimos!

Ejemplo:
Yo: ¿Te gusta Brasil? (cerrada. Respuesta “sí-no”)
Ella: Sí, es un país muy bonito.

Yo: ¿Qué te parece Brasil? / ¿Cómo es Brasil? (abiertas)
Ella: ¡Fabuloso! La gente es muy abierta y alegre y amamos la fiesta. Los carnavales son fantásticos. Vienen muchos turistas. Estamos todo el día bailando salsa. Todos los días voy a la playa. Brasil es increíble.

Ejemplo:
Yo: ¿Qué libro estás leyendo? (o peor todavía: ¿Estás leyendo este libro?)
Ella: “Los pulgares saltarines”

Lo podemos mejorar con estas dos opciones:

Yo: ¿De qué trata el libro que estás leyendo?
Ella: Ahh, es un libro muy interesante. Va sobre un pulgar que un día le dice al dedo corazón… y entonces…

Yo: ¿Qué te está pareciendo el libro que estás leyendo?
Ella: Guau, por ahora sólo he leído 50 páginas, pero está de lo más interesante. Sobre todo el capítulo en el que el pulgar salta desde un puente…


3. Haz preguntas interesantes y grandes. La clave está en la curiosidad. Con curiosidad genuina querrás conocer detalles interesantes. Profundiza y descubre la forma de pensar de la gente, sueños, sentimientos, recuerdos, infancia, mente, mundo interior, fantasías, valores, pensamientos…

Interésate por emociones y sentimientos. Por ejemplo, en vez de preguntar: “¿Cuántos años tienes?”, pregunta: “¿Cuál de todos tus cumpleaños es el que mejor recuerdas?”. Di “Tengo curiosidad… ¿por qué decidiste meterte en el arte?” Sé original y no tengas miedo de ser curioso.

En vez de “¿Te gusta el cuadro?” usa preguntas como: “¿Qué te parece el cuadro? (abierta), ¿Qué crees que simboliza este cuadro? ¿Qué te transmite este cuadro? ¿Qué sientes cuando miras este cuadro? ¿Qué crees que intenta plasmar el pintor en este cuadro? ¿Cómo te inspiras tú para pintar?”

También es buena idea hacer preguntas MUY grandes, con una alta expectativa de conocer al otro y que se implique en la conversación: “Cuéntame la historia de tu vida. ¿Qué has hecho hoy? ¿Si hagas lo que hagas nada pudiera salir mal, qué harías con tu vida? ¿Estás siguiendo algún sueño? ¿Qué te parece…? ¿Cómo te sientes sobre…? No sé hacer eso, enséñame”

Si eliges bien tus preguntas, será fácil cumplir el punto “1. Menos preguntas y más afirmaciones.” De una buena pregunta tendrás una respuesta interesante, en la que ella te mostrará su yo único y auténtico y podrás usar toda esa información para también mostrar tu yo único haciendo afirmaciones. Mucha gente dice: “No sé qué decir”. Pues la respuesta para ellos es: No hace falta decir nada. Sólo tienes que hacer las preguntas correctas…


4. Saber escuchar. El secreto de ser un buen conversador es saber escuchar. Mucha gente se distrae y no presta atención o se queda con lo superficial. Cuando estés hablando con alguien, atiende, presta atención y escucha. Si tienes curiosidad verdadera por esta persona, te saldrá natural y fácil. Algo muy importante también es la empatía, saber traducir lo que realmente te está diciendo y lo que siente la otra persona.

Dicen que hay varios niveles de “escuchar”. En el nivel básico escuchas las palabras. Existe un nivel avanzado de escuchar en el que no oyes las palabras, sino a la persona. Entender lo que realmente te está diciendo. Tradúcela.

¿Cómo se hace esto? Escucha con los oídos, con los ojos, el corazón y con todo tu ser. Las palabras sólo son el 7% del mensaje, el tono de voz y el cuerpo completan el otro 93%. Lee su lenguaje corporal. Y sobre todo, mucho más que las palabras que te dice, descubre que te está intentando decir realmente, más allá de las palabras. Lo que siente, lo que piensa, lo que intenta comunicarte en otro nivel más profundo. No escuches las palabras, escúchala a ella.

Ella: No puedo ir a la fiesta de Juan.
Yo: (me doy cuenta de que lo dice porque estará su ex-novio y es una situación incómoda para ella) Ah, no te preocupes. Te llamaré el viernes para quedar otro día.

Hay un tercer nivel de escuchar, que es el del hombre atractivo, en el cuál, oyes lo que te está diciendo, entiendes lo que realmente quiere decir y haces lo que tienes que hacer, actúas como se espera de un líder, llevando la interacción hacia donde los dos queréis:

Ella: Hay mucha gente aquí.
Yo: (me doy cuenta de que realmente quiere decir que desea más intimidad conmigo, pero ese no es el lugar) Tienes razón. Ven, vamos a la terraza y te enseño las estrellas… 😉


5. ¡Emociones y sentimientos! Quita los hechos y la lógica. Una conversación aburrida está centrada en recogida de datos e información objetiva, como un análisis: “¿Cuántos años tienes?, ¿De dónde eres?, ¿En qué restaurante puedo comer?, ¿Cómo se llega hasta la biblioteca?, ¿Qué libro estás leyendo?”

Habla en la perspectiva del yo, mostrando tu yo único y auténtico. Cuando haces preguntas, interésate por lo que sienten, lo que piensan, sus ideas, sus vivencias, lo que les apasiona… curiosidad. Conecta emocionalmente con las personas. Disfruta y admira descubriendo su belleza interior. Cuando cuentes afirmaciones o historias de tu vida, muestra emociones y sentimientos, tanto en las palabras como en la voz.

Seguro que tienes muchos “Aquel emocionante instante que nunca olvidaré…” ¿Recuerdas cuando de pequeño tenías un proyecto entre manos con tus amigos de construir un avión? Cada tarde llegabas excitado con los planos y durante esos días la increíble emoción irradiaba a través de tu cara. O cuando estabas a punto de viajar con tu familia a Disneyland, tu felicidad al subir al avión… Los nervios y la alegría cuando ves que tus sueños y fantasías están cerca. ¿Te acuerdas de tu primer amor, aquellos maravillosos momentos con tu primera novia, cuando le diste la mano, tu primer beso, de flotar en una nube?

Una conversación apasionante nos hace sentir, nos estremece rememorando momentos inolvidables, nos pone emotivos, saca nuestros sentimientos, hace volar nuestra imaginación, produce el deleite de todos los sentidos, habla de emociones, de aficiones que nos apasionan, de temas que nos encantan, de cosas que nos hacen sentir de manera intensa. Y mientras hablamos estamos sintiéndolo y se notará en el lenguaje corporal, los ojos abiertos, los gestos excitados… ¡y esto se contagiará a la otra persona, que también vivirá y participará de nuestra emoción!

Yo: Me asomé al balcón y la vi. ¡¡Ella estaba preciosa!! De pronto, el corazón me saltó cuando nuestros ojos se encontraron, pero mantuve la mirada hasta que ella sonrió y la apartó. Era la más bella mujer de la fiesta. Llevaba ese largo vestido blanco que brillaba y la hacía deslumbrar todavía más. Y su fantástica melena rubia caía salvajemente sobre su espalda desnuda… esa espalda que más tarde estaría acariciando dulcemente con mis manos…
R: ¡¡SIGUE, SIGUE!! ¿¿Qué pasó??



CONTINUARÁ…

Lee el resto de “La conversación”: parte -1- -2- -3- -4-



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4 Responses to La conversación (3)

  1. Emirucho dice:

    Mas… mas de este post!

  2. Aceituna dice:

    Totalmente de acuerdo con el comentario anterior, Dios mío me ha encantado, sobre todo la parte de las preguntas abiertas… tienes que ser un conversador increíble!! 🙂 GRacias!!

  3. jose bran dice:

    esta todo de acuerdo,,pero tanbien tienes que ver q tu busca en ella o que ella esta pensando de ti,,por que cuando la mujer esta en el centro tu tienes q buscar preguntas avierta pero cuando ya esta en el centro tienes q ir mas directo por q ella esta ya loca que tu le pregunte,,es como cuando tienes un tema muy bueno detente un segundo entonce cuando buelba no comiense pon otro,,ella msima te dira pero quedamos en esta parte

  4. Errol dice:

    Jajaja, chales James, con solo los primeros párrafos capté la onda. Y sí, de hecho estos tips sirven muchísimo. Justamente me acaban de servir con un par de chicas francesas en una fiesta cerca de nuestra escuela. Vivia el buen humor, la sensualidad y la masculinidad!

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